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¿Abortar, Reintentar, Ignorar?


Había una vez un sistema operativo tan mal diseñado que, cuando se producía un error terrible, planteaba tres malas opciones a los usuarios: abortar, reintentar o ignorar. Básicamente, aquello significaba que la situación no tenía remedio.

Siempre que aparecía ese mensaje, sabía que independientemente de la opción que eligiera, el resultado sería casi igual de malo, y normalmente elegía "abortar". Por aquel entonces, no sabía que ese era el precursor del temido botón "Cancelar".

Cuando un diálogo te ofrece la opción de cancelar, suele implicar que hay que tomar una decisión crucial que requiere un convencimiento absoluto. Algunos usuarios no se sienten suficientemente preparados y cancelan a la primera de cambio: "No sé qué sucederá si confirmo esto, así que más vale que pulse Cancelar." Y no siempre es la mejor opción.


Muchos de los diálogos de "Cancelar" están mal redactados. Hace poco, estaba comprando unas zapatillas deportivas en línea y, de pronto, dudé de si había especificado la dirección de envío correcta. Para comprobarlo, hice clic en el botón "Atrás" del navegador. Apareció una advertencia: si iba atrás, mi pedido se cancelaría. Debajo, había dos opciones: continuar o cancelar. Me quedé perplejo, mirando las dos opciones. Si pulsaba cancelar, ¿se cancelaría mi pedido o se cancelaría la orden "atrás"? ¿y qué sucedería si continuaba? Para curarme en salud, cerré totalmente la pestaña del navegador y compré mis zapatillas en otra parte.

Una tía mía que aprecio mucho le da a "Cancelar" siempre que le ofrecen esa opción. En algún momento, alguien (incluso puede que fuera yo) le dijo que si tenía dudas sobre un diálogo, pulsar cancelar era siempre la opción más segura. Siguió ese consejo demasiado al pie de la letra.

Los peligros de cancelar los diálogos bien intencionados

Un día me pidió ayuda porque su "antivirus no se actualizaba". Me senté ante su ordenador y vi que funcionaba con una versión del producto antivirus de hacía tres años. Cuando comprobé el estado, recibí la confirmación de que había dejado de actualizar las firmas. La razón era muy simple: el fabricante había suspendido el servicio de actualizaciones de la versión antigua del producto.

Una serie de preguntas pertinentes a mi tía revelaron que, durante más de un año, el antivirus le había ofrecido actualizarse solo. Eso, evidentemente, habría sido gratuito, ya que a su licencia le quedaban tres meses más de vigencia. Pero como el actualizador no lo explicaba claramente, siempre había cancelado el diálogo y estaba orgullosa de haber gestionado la "crisis" por su cuenta. Solo cuando el proveedor del antivirus suspendió su servicio de actualizaciones, empezó a dudar y me pidió ayuda.

Intenté explicarle que el consejo bien intencionado respecto a la respuesta a los diálogos inesperados, no significaba que siempre tuviera que pulsar "Cancelar" sin pensarlo, pero creo que no quedó muy convencida. A pesar de todo, pudimos alcanzar un nuevo acuerdo: si aparece un diálogo y no sabe qué hacer, hará una foto antes de cancelar. Siempre que todavía aparezca un botón de cancelar, claro está.

Windows Update: sin salida

Evidentemente, los desarrolladores de software ya se han dado cuenta de los peligros que supone que los usuarios intenten cancelarlo todo. El ejemplo más llamativo es el de Windows Update: los usuarios de Windows XP eran especialistas en ignorar las solicitudes del sistema operativo de reiniciar la máquina para completar las actualizaciones pendientes. Si Windows Update intentaba instalar un parche para un defecto de seguridad grave, cancelar tozudamente todas las solicitudes de reinicio podía tener consecuencias desastrosas, como la infección por malware, la pérdida de datos o ambas cosas.

Esa situación hizo que los diseñadores de Windows 7 decidieran que la seguridad del sistema era más importante que los datos de los usuarios. Si los usuarios no reiniciaban cuando Windows se lo decía, iban a tomar cartas en el asunto. Por un bien superior, claro está.

Si Windows sentía la necesidad urgente de procesar una actualización, mostraba un par de mensajes de advertencia, pero ya no mostraba la opción "Cancelar". Finalmente, Windows no admitía más aplazamientos. Lo que hacía era cerrarse, instalar las actualizaciones y reiniciarse, incluso si había programas abiertos con archivos sin guardar.

Los usuarios se rebelaron a su manera, instalando herramientas como "Shutdown Guard" o desactivando Windows Update mientras trabajaban en proyectos importantes. Windows 10 fue un paso más allá: las primeras versiones solían cerrarse sin ninguna advertencia previa e instalaban su actualización, contra viento y marea.

Bien intencionado, pero mal planeado

No pensaba que el problema fuera tan grave hasta que, de pronto, Windows Update cerró mi ordenador y se pasó media hora instalando una de sus ignominiosas "actualizaciones de funciones", a pesar de que yo estaba escribiendo un artículo a toda máquina. Eso sucedió hace más de un año, y todavía me hierve la sangre cuando recuerdo ese momento: media hora de trabajo al garete en un instante, y todo porque Windows no fue capaz de tomarse la molestia de darme una última oportunidad de guardar mis archivos antes de cerrarse.

Naturalmente, a mi tía le sucedió lo mismo cuando estaba tramitando la devolución de impuestos. Fue un momento clave de pérdida total de confianza: ahora está firmemente convencida de que el ordenador va a por ella. Y ni mucho menos es la única víctima: Internet está lleno de artículos sobre cómo evitar que Windows Update reinicie el ordenador cuando le venga en gana. Algunos aconsejan desactivar la tarea UpdateOrchestrator de Task Scheduler, otros optan por hacer que el software cambie constantemente la ventana de las "horas activas"; algunos extremistas llegan a recomendar la desactivación total del servicio de actualización (¡qué fuerte!).

La razón por la que no voy a entrar en más detalles sobre esas sugerencias es que Windows Update se ha transformado en un blanco móvil: los métodos que funcionan en una versión de Windows 10 dejan de funcionar después de la siguiente actualización de funciones. Además, Microsoft trabaja activamente para mejorar la forma en que Windows Update detecta si el ordenador se está actualizando. En cualquier caso, desactivar totalmente Windows Update es una idea nefasta.

Sin embargo, una cosa es segura: no esperéis que Microsoft restaure el botón "Cancelar". Me da la sensación que saben exactamente qué haría mi tía.

¿Ha tenido su propia experiencia de "Abortar, Reintentar, Ignorar"? Cuéntenosla en los comentarios.


Comentarios

Drako

03-09-2019 20:56

Desde siempre he acostumbrado a no dejar - en lo posible - que las actualizaciones de sistema y de las aplicaciones que uso no se realicen automáticamente. Me gusta estar al tanto de lo que traen cada una de ellas y por qué.

Las actualizaciones de sistema siempre son enojosas ( por lo masivas ) e inoportunas ( si usted deja o se ve obligado a que se hagan automáticamente ).

Es verdad lo que se cita aquí acerca de Win 10, pero los gritos desesperados de los usuarios ( Usted, yo y otros centenares de millones de penitentes ) parecen que ya calaron en los oídos de los señores de Microsoft: Al menos ahora dan oportunidad ( dentro de un período razonable para que ello ocurra ) de que las actualizaciones masivas se realicen en un día y hora más convenientes.

Yo no soy de los que objetan la obligatoriedad de las actualizaciones de seguridad en Windows ( si usted quiere un sistema estable, las necesita, le guste o no ), pero sí objeto ciertas aplicaciones que no uso ni tengo planeado usar en lo futuro: Xbox Game Bar, Compañero de la Consola Xbox, Skype, Tu Teléfono, Portal de Realidad Mixta, Planes Móviles... Obsérvese cómo se actualizan en cualquier momento, en segundo plano y sin su consentimiento, y usted debe aceptarlo - le guste o no - porque no puede desinstalarlas.

Conozco muy bien - porque los he instalado y empleado - una docena de distros GNU/Linux. Mi preferido fue OpenSuse que usé por casi tres años hasta que sus desarrolladores cerraron las actualizaciones para el sistema de 32 bits. Actualmente - ahora que puedo hacerlo en 64 bits - estoy pensando en probar Manjaro, pero me doy tiempo para decidirlo...

Porque es verdad que GNU/Linux, como sistema operativo, no da los monumentales problemas que sufre continuamente Windows, y - ciertamente - opera un entorno bastante confiable, potente y muy estable, pero a su rededor se han generado mitos que son perniciosos para su buena fama.

Es bueno que se sepa que GNU/Linux también es objeto - les guste o no reconocerlo a sus usuarios y a algunos de sus desarrolladores - de unos cuantos virus ( que los hay, realmente ) y otros "malwares", de ataques MiM, y de actualizaciones mal estructuradas y codificadas que pueden dejar expuesto el sistema a problemas de seguridad u operatividad.

El problema en lo dicho arriba no es por desidia o malevolencia de sus desarrolladores: Los distros GNU/Linux son mantenidos y desarrollados por una idealista y laboriosa comunidad de voluntarios, principalmente, que donan su inteligencia, trabajo y tiempo a los proyectos que están actualizando. Es un milagro, entonces, que sus esfuerzos cristalicen en gran forma y continuamente y que de ellos se aprovechen - sin costo alguno - usuarios de todo el mundo, una gran parte de los cuales no pueden permitirse pagar una licencia legal de Windows.

Vista la cosa de este modo, lo aconsejable - para quien desee tener un distro GNU/Linux en su ordenador - es no sólo informarse bien de sus potencialidades y debilidades, así como de reconocer sus elementos de seguridad y aprender, al menos, lo básico de su funcionamiento y los protocolos para su debida actualización.

Saludos.

Benigno

03-09-2019 16:45

Las llegué a experimentar, luego me pasé a linux y sanseacabó eso.

Por cierto el pdf no lo tienen aun para linux :(

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Gracias.

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